La actividad industrial argentina volvió a mostrar señales de debilidad en mayo y, según los datos preliminares de la Unión Industrial Argentina (UIA), todavía no encuentra un piso claro. Basado en estimaciones construidas a partir del consumo de energía eléctrica, indicadores de demanda y consultas a referentes sectoriales, el Centro de Estudios de la entidad fabril calculó que la producción manufacturera habría caído cerca de 5% interanual en mayo, y además retrocedió en la comparación mensual contra abril. Es decir, la industria sumó un nuevo mes en terreno negativo, en línea con el escenario de bajo dinamismo que viene predominando desde mediados de 2025.
El informe de la UIA subraya que en mayo se observó una dinámica heterogénea entre sectores: mientras algunos rubros mostraron leves mejoras frente al mes previo, otros profundizaron sus caídas. Sin embargo, estos movimientos no alcanzaron para alterar el cuadro general de estancamiento y bajo nivel de utilización de la capacidad instalada. En promedio, la producción industrial se mantiene alrededor de 10% por debajo de los niveles de 2022, confirmando que la recuperación pospandemia y possequía sigue incompleta y despareja. El comportamiento irregular de la demanda interna, el freno de la construcción y la presión competitiva de las importaciones son, según el sector, algunos de los factores que explican este desempeño apagado.
Las cifras privadas difundidas ahora llegan después de que el Indec confirmara un resultado también negativo para abril. De acuerdo con el organismo oficial, la producción industrial cayó 2,8% interanual en abril y mostró además una baja de 2,1% frente a marzo, en la serie desestacionalizada. Con ese registro, la actividad manufacturera acumuló en el primer cuatrimestre de 2026 una retracción de 2,4% respecto del mismo período del año anterior, lo que refleja que el tropiezo no se limita a un mes aislado, sino que responde a una tendencia que se prolonga desde el año pasado. La lectura de la UIA es coincidente: la entidad remarca que, pese a algunos rebotes puntuales, el sector no logra encadenar varios meses de crecimiento sostenido.
El informe fabril incorpora, además, una mirada histórica que ilustra la profundidad del retroceso. Según los cálculos de la UIA, los niveles actuales de producción siguen 2,4% por debajo del primer cuatrimestre de 2025 y cerca de 10% por debajo de los registros de 2022. Esa brecha se explica, en buena medida, por la debilidad persistente de los bienes durables y semidurables, cuya producción arrastra caídas de dos dígitos y golpea con fuerza a ramas como la automotriz, la metalmecánica, los insumos para la construcción, el textil y el calzado. Aun cuando algunos segmentos vinculados al agro, la energía y los productos farmacéuticos muestran un desempeño más favorable, la magnitud del deterioro en los rubros ligados al consumo masivo y la inversión mantiene deprimido el índice general.
Aunque entre los industriales predomina la preocupación, también se observan expectativas moderadas de que el sector pueda encontrar cierto piso en la segunda parte del año. La lectura que hacen en la UIA es que, de mantenerse la estabilidad cambiaria y un proceso gradual de desaceleración inflacionaria, la muy baja base de comparación de mayo y junio podría habilitar tasas interanuales más favorables en el segundo semestre. Sin embargo, advierten que el rebote, si llega, será desde niveles muy deprimidos y dependerá de que se reactive el mercado interno, se consolide la obra pública y privada y se sostenga la demanda externa, en particular la de Brasil, clave para la industria automotriz. Mientras tanto, los últimos datos confirman que la manufactura sigue lejos de recuperar el terreno perdido y que la actividad industrial, por ahora, continúa sin piso definido.

