El petróleo crudo se consolidó como el principal producto de exportación de la Argentina en el primer semestre de 2026, desplazando del podio al maíz y a la harina de soja, históricas estrellas del comercio exterior nacional. De acuerdo con un informe del Instituto Argentina Grande (IAG) elaborado en base a datos oficiales del Indec, los aceites crudos de petróleo encabezaron el ranking de productos exportados y marcaron un cambio estructural en la canasta exportadora del país. Este giro refleja el impacto del boom hidrocarburífero, motorizado por Vaca Muerta y por la expansión de los “saldos exportables” de crudo, que ya se transformaron en uno de los principales generadores de divisas para la economía argentina.
Entre enero y junio de 2026, las ventas externas de aceites crudos de petróleo alcanzaron USD 4.693 millones, con un salto interanual de 47,7% frente al mismo período de 2025. Ese monto les permitió explicar cerca del 9,5% del total exportado por el país en el semestre, suficiente para superar a la harina y pellets de soja y al maíz en grano, que un año atrás aún ocupaban los primeros lugares del listado de productos. La consolidación del crudo en la cima se vio reforzada por lo ocurrido en los meses previos: en mayo ya había concentrado el 12,3% de la facturación internacional total, por encima del maíz (9%) y de los derivados de la soja (8,8%). En junio repitió como el principal producto de exportación, con USD 918 millones y el 10,1% de todo lo que la Argentina vendió al mundo ese mes, confirmando que no se trataba de un fenómeno aislado.
El desplazamiento del agro por la energía tiene antecedentes inmediatos en la fuerte expansión del complejo petrolero-petroquímico registrada en los últimos años. En 2025, ese complejo había alcanzado un récord histórico de exportaciones por USD 11.772 millones, con el aceite crudo de petróleo como principal producto, responsable por USD 6.717 millones y un incremento del 22,6% respecto de 2024. Paralelamente, los informes oficiales y privados marcaban que el petróleo crudo era el rubro de mayor crecimiento porcentual interanual entre los principales sectores exportadores, con subas superiores al 60% en 2024 y fuertes aumentos también en 2025. Sobre esa base de expansión, el salto adicional de 2026 termina de configurar un perfil exportador en el que la energía ya no es un complemento del agro, sino un núcleo central de generación de dólares.
El motor de este cambio es, en gran medida, el auge productivo de Vaca Muerta, que permitió transformar en negocio permanente lo que inicialmente eran excedentes sobre la demanda interna. Según datos del Indec y de organismos especializados, las exportaciones de crudo argentino alcanzaron en 2024 los niveles más altos en dos décadas, con un volumen de algo más de 68 millones de barriles y un promedio anual de 187.000 barriles por día, de los cuales alrededor del 80% provino de la Cuenca Neuquina. Ese salto físico en los embarques fue acompañado por un reordenamiento geográfico de los destinos: Chile se consolidó como uno de los principales compradores, junto con Estados Unidos y Brasil, que concentraron la mayor parte de las divisas generadas por las ventas externas de petróleo. La construcción y ampliación de infraestructura clave, como el Oleoducto Trasandino, facilitó esa expansión comercial y contribuyó a que el sector energético duplicara su saldo comercial en pocos años.
El reposicionamiento del petróleo crudo en la estructura exportadora tiene implicancias de fondo para la economía argentina. Por un lado, refuerza el superávit comercial y ofrece una nueva fuente de ingreso de divisas que reduce parcialmente la dependencia de los ciclos climáticos y de precios internacionales que condicionan al agro. Por otro, reabre debates sobre la calidad de esa inserción internacional: la mayor parte del crudo se exporta como materia prima, sin industrialización plena en territorio local, lo que plantea interrogantes sobre el agregado de valor y la captación de renta dentro de la cadena. A la vez, la creciente gravitación de la energía en el comercio exterior –con participaciones de dos dígitos en el total exportado– obliga a revisar la estrategia de infraestructura, regulaciones y política ambiental, en un contexto global de transición energética. En este nuevo escenario, el petróleo dejó de ser un actor secundario y se convirtió en el producto emblemático de la Argentina en los mercados internacionales, desplazando por primera vez en años a los pesos pesados del campo.

