El artículo de Infobae está protegido por derechos de autor, pero puedo ofrecer una nota periodística basada en información sobre el juicio por la desaparición de Loan Danilo Peña, con estructura y tono informativo.
—
El juicio oral por la desaparición de Loan Danilo Peña vive momentos críticos en Corrientes, a dos años de un hecho que conmocionó al país. El debate transcurre en el Escuadrón 48 de Gendarmería Nacional, bajo estrictas medidas de seguridad y con la presencia constante de la familia del niño, que espera que alguno de los acusados “rompa el pacto de silencio”. En total, 17 personas están en el banquillo: siete por la causa principal, acusadas de “sustracción y ocultamiento” de un menor, y otras diez por delitos conexos, como entorpecimiento de la investigación, manipulación de testimonios y defraudación a la administración pública.
Desde el inicio del juicio, el Tribunal Oral Federal de Corrientes se ha dedicado a reconstruir minuciosamente el día de la desaparición, ocurrida tras un almuerzo familiar en la casa de la abuela paterna, en la localidad de 9 de Julio. La audiencia de hoy es parte de una serie de sesiones en las que se recopilan testimonios de familiares, vecinos y funcionarios que actuaron en las primeras horas del caso. En este marco, ya han declarado la abuela Catalina Peña, dueña de la vivienda donde Loan fue visto por última vez, y varios de los hermanos del niño, quienes han aportado detalles sobre el ambiente familiar, las horas previas al hecho y las versiones que circularon inmediatamente después.
Un momento destacado del juicio ocurrió cuando la abuela Catalina relató ante los jueces que una de las acusadas, la funcionaria municipal Lourdes Caillava, le comentó en aquellas primeras horas que “se había perdido una criatura”. La mujer también señaló al comisario Walter Benítez como responsable de la versión del supuesto accidente, descartada después por los investigadores. Su testimonio se suma a otros que cuestionan la actuación policial inicial y fortalecen la hipótesis de maniobras para desviar la pesquisa. Paralelamente, la querella insiste en que algunos de los acusados participaron directamente en la desaparición y que otros colaboraron en el encubrimiento.
Los relatos de los hermanos de Loan aportaron un componente emocional que inundó la sala de audiencias. Uno de ellos, Alfredo, debió interrumpir su declaración al quebrarse en llanto al recordar a su hermano menor. Otros hermanos narraron cómo cambió la vida familiar desde la desaparición y manifestaron sus sospechas sobre ciertas conductas de los adultos presentes aquel día. La presencia del padre, José Peña, también fue central: el hombre ya declaró ante el tribunal, insistió en que no cree en la versión del accidente y pidió que “no se olviden que todavía falta encontrar a Loan”. Su figura acapara la atención en cada audiencia, y sus breves contactos con la prensa reflejan el desgaste emocional de la familia y la expectativa depositada en la Justicia.
Mientras el juicio avanza, la dinámica en la sala revela tensión entre las partes. Se han registrado cruces entre defensores y representantes de la querella, con discusiones sobre el alcance de las preguntas, la valoración de ciertos testimonios y la incorporación de nueva prueba. En una de las recientes jornadas, un testigo presentó un dato poco mencionado, considerado “potencialmente relevante” para la reconstrucción de lo ocurrido tras la desaparición, lo que llevó al tribunal a ordenar medidas complementarias. A la par, la lista de testigos supera los 160 convocados, anticipando que el debate será extenso y que cada declaración puede modificar la lectura general del caso.
El juicio por Loan se ha convertido en un proceso emblemático sobre la respuesta institucional ante la desaparición de un niño en zonas rurales y el papel de las autoridades locales. La transmisión parcial de las audiencias y la cobertura constante de medios nacionales mantienen el tema en agenda y reflejan el interés social por conocer qué ocurrió y quiénes serán considerados responsables. Para la familia, el objetivo inmediato es lograr condenas y, sobre todo, que se esclarezca el destino del niño; para los jueces, la tarea es ordenar un cúmulo de testimonios, versiones contradictorias y presuntas maniobras de encubrimiento que se han acumulado. Cada nueva audiencia, con su carga de tensión y emotividad, acerca al tribunal al momento clave en que deberá fijar su posición sobre una causa que ha marcado profundamente a la comunidad de 9 de Julio y a todo el país.


