El nuevo Informe Mundial sobre Drogas de Naciones Unidas advierte un salto histórico en el consumo de sustancias psicoactivas, impulsado sobre todo por el avance de drogas sintéticas cada vez más potentes y por la expansión de los mercados ilegales hacia nuevas regiones, incluida la Argentina. El documento, elaborado por la Oficina de la ONU contra la Droga y el Delito (UNODC), describe un escenario en el que los traficantes aprovechan la tecnología, la aparición constante de nuevas sustancias y la inestabilidad global para consolidar un negocio más diversificado, más difícil de rastrear y con consecuencias sanitarias y sociales de gran alcance.
A nivel mundial, el informe estima que más de 316 millones de personas consumieron drogas en 2023, lo que equivale aproximadamente al 6% de la población adulta y representa un incremento cercano al 28% respecto de hace una década. El aumento no se explica solo por el crecimiento demográfico: expertos de la UNODC subrayan que la velocidad del incremento en el consumo es superior a la expansión de la población, lo que evidencia un cambio profundo en patrones de uso y en la disponibilidad de sustancias. El cannabis continúa siendo la droga más consumida, con más de 240 millones de usuarios, pero el dato que más preocupa es el avance del mercado sintético: la metanfetamina y otros estimulantes dominan el segmento de mayor crecimiento, mientras los opioides sintéticos como el fentanilo y los nitazenos se consolidan como las sustancias más letales.
El informe de la ONU describe un mapa global en transformación, donde las rutas tradicionales de heroína y cocaína pierden peso frente a cadenas de producción de drogas de laboratorio que pueden instalarse en casi cualquier parte. La metanfetamina se ha convertido en el principal producto del mercado sintético, con más de 31 millones de consumidores y un tráfico en expansión en Asia, África y Europa Oriental, acompañado por un aumento sostenido en las incautaciones. Paralelamente, los decomisos muestran que se detectan muchas más variedades de sustancias que antes de 2000, y que el número de nuevas sustancias psicoactivas identificadas se ha multiplicado en los últimos años. La UNODC remarca que los grupos criminales recurren cada vez más a compuestos de diseño, con estructuras químicas modificadas para eludir controles regulatorios, lo que dificulta la respuesta sanitaria y policial.
En este contexto, América y particularmente América del Norte aparecen como epicentro de la crisis de opioides sintéticos, con el fentanilo y los nitazenos detrás de decenas de miles de muertes por sobredosis cada año. Sin embargo, el impacto se extiende progresivamente a otras regiones. Datos recientes citados por organismos internacionales indican que en Argentina se registra un número significativo de muertes asociadas al consumo de sustancias psicoactivas entre personas de 15 a 64 años, lo que refleja la penetración del fenómeno en el país y plantea desafíos urgentes para el sistema de salud y las políticas de prevención. La combinación de drogas sintéticas más potentes, mezclas poco conocidas y tratamientos aún limitados aumenta el riesgo de intoxicaciones graves y sobredosis, especialmente entre usuarios jóvenes y poblaciones vulnerables.
La advertencia de la ONU es clara: el auge de las drogas sintéticas no es un episodio aislado, sino parte de un cambio estructural en el mercado mundial de estupefacientes. La directora ejecutiva de la UNODC subraya que la aparición de sustancias cada vez más potentes y peligrosas tiene efectos directos sobre la salud pública, la seguridad y las economías nacionales. Frente a este escenario, los expertos insisten en la necesidad de reforzar los sistemas de monitoreo, ampliar el acceso a tratamientos basados en evidencia y coordinar políticas entre países para enfrentar un problema que, por su carácter transnacional y tecnológico, desborda las respuestas tradicionales. La situación en Argentina se inscribe en esta tendencia global: un país atravesado por la expansión de drogas sintéticas más poderosas, que exige una mirada integral que combine regulación, prevención, atención y reducción de daños para evitar que la crisis se profundice.

