Murió Sandra Mendoza, la histórica dirigente del PJ chaqueño que dejó una huella imborrable en la política del Chaco
Sandra Marcela Mendoza, kinesióloga y referente del peronismo chaqueño, falleció este miércoles 11 de febrero en una clínica privada de Buenos Aires, a los 62 años, tras complicaciones de salud que incluyeron una lesión en las vértebras con daño medular y problemas derivados de una diabetes crónica. La noticia, confirmada en el Senado por la senadora Juliana Di Tullio durante el debate de la reforma laboral, generó un minuto de silencio y conmoción en todo el espectro político, desde el PJ local hasta figuras nacionales como Cristina Fernández de Kirchner, quien la despidió en X como una “gran compañera” y “guerrera de la vida”.
Nacida el 20 de abril de 1963 en Presidencia Roque Sáenz Peña, Mendoza era la cuarta de cinco hijos del ex ministro de la Suprema Corte chaqueña Guillermo Mendoza y Tita Fernández. Se recibió de kinesióloga en la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE), donde arrancó su militancia en la Juventud Universitaria Peronista y conoció a Jorge Capitanich, con quien se casó en 1990 y tuvo dos hijas, Guillermina y Jorgelina; la pareja se separó en 2009. Esa unión no solo fue personal, sino un eje del peronismo chaqueño, aunque ella forjó su propio camino con más de tres décadas dedicadas a la salud pública y los derechos sociales.
Su carrera despegó como diputada provincial y en la Casa de Chaco en Buenos Aires, pero el pico llegó en 2007 como ministra de Salud provincial, donde impulsó la universalización de rampas en espacios públicos, mejoras en la red sanitaria y articulaciones con hospitales y escuelas. Ese año también fue electa diputada nacional por el Frente para la Victoria (FpV), renovando en 2013, y desde el Congreso defendió la infancia con la figura del “agente encubierto” en la Ley 26.388 de Delitos Informáticos contra la pedofilia –”cambió el panorama legal, pero no le puso freno”, dijo entonces– y proyectos por el femicidio en el Código Penal, menús para celíacos, reconocimiento docente y tarifas culturales diferenciadas. Su gestión, siempre inclusiva, no estuvo exenta de críticas, como durante el brote de dengue en 2009, que la llevó a renunciar.
El PJ chaqueño la despidió en un comunicado destacando su “compromiso con las causas que defendió y la firme convicción por el bienestar de los chaqueños”, acompañando a sus hijas en el duelo. Hasta el gobernador Leandro Zdero, de signo opuesto, lamentó su partida: “Más allá de las diferencias políticas, su paso por la vida pública forma parte de la historia institucional del Chaco”. Mendoza trascendió cargos como referente de mujeres peronistas, militando activamente incluso después de 2017.
Su muerte deja un vacío en el justicialismo chaqueño, donde era sinónimo de lucha por los vulnerables, desde rampas para discapacitados hasta batallas contra la pedofilia y el femicidio. Compañeros y adversarios coinciden: “Negra, peronista y de Chaco For Ever”, como la recordaban en su tierra, una figura que unió familia, militancia y servicio público en tiempos de grietas profundas. El adiós a Sandra Mendoza no es solo pérdida personal, sino un capítulo que cierra en la historia política del NEA.


