Líderes mundiales de diversos ámbitos han expresado su respaldo al alto el fuego de dos semanas acordado entre Estados Unidos e Irán, anunciado por el presidente Donald Trump apenas horas antes del vencimiento de un ultimátum para reabrir el estrecho de Ormuz. Este pacto, mediado por Pakistán, busca evitar una escalada mayor en Medio Oriente y restablecer el tránsito marítimo en esta ruta clave para el comercio global de petróleo, por donde pasa cerca de una quinta parte del crudo mundial. El Consejo Supremo de Seguridad Nacional iraní confirmó la tregua, aunque enfatizó que no implica el fin de la guerra y que las negociaciones comenzarán el viernes en Islamabad.
El papa León XIV calificó la tregua como una “señal de esperanza viva” durante su audiencia general en la Plaza de San Pedro, instando a retornar a la mesa de negociaciones para poner fin al conflicto. En Europa, el canciller alemán Friedrich Merz celebró el rol mediador de Pakistán y urgió avanzar hacia un “fin definitivo” mediante diplomacia, priorizando la seguridad civil y evitando una crisis energética global. La alta representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, Kaja Kallas, la describió como un “retroceso desde el borde del abismo”, abriendo una ventana para reducir tensiones y reactivar el transporte marítimo, mientras se reúne en Arabia Saudita con actores regionales.
Desde el Reino Unido, el primer ministro Keir Starmer manifestó “alivio” por la pausa en las hostilidades y viaja al Golfo para coordinar la restauración de la navegación en Ormuz. Australia, a través de su primer ministro Anthony Albanese y la canciller Penny Wong, advirtió sobre las “perturbaciones sin precedentes” en el suministro global y elogió a mediadores como Pakistán, Egipto, Turquía y Arabia Saudita. El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, se reúne en Washington con Trump, en un contexto de críticas del presidente a aliados por su apoyo militar limitado.
China, por su parte, encomió el alto el fuego y pidió restaurar “cuanto antes” el paso normal por Ormuz para mitigar impactos económicos mundiales, subrayando que la raíz del problema radica en acciones militares de EE.UU. e Israel contra Irán. El Kremlin saludó la tregua y anticipa “prontos contactos directos” entre Washington y Teherán. El secretario general de la ONU, António Guterres, celebró el acuerdo y exhortó a respetar el derecho internacional para allanar una “paz duradera” en la región.
Sin embargo, la tregua enfrenta desafíos: Israel reportó nuevos ataques con misiles iraníes pese al cese al fuego, aunque anunció que lo respetará, expresando frustración por no haber logrado más objetivos. El vicepresidente estadounidense JD Vance advirtió a Irán que la tregua es “frágil” y exigió negociar de buena fe, mientras el presidente iraní Pezeshkian la presentó como un logro que acepta “principios generales” de Teherán. Trump detalló términos nucleares, como prohibir el enriquecimiento de uranio en Irán y la retirada de residuos nucleares por EE.UU., amenazando con aranceles del 50% si falla. Este frágil pacto representa una oportunidad limitada para desescalar, pero persisten riesgos de incumplimiento.

