Jueves negro en la Bolsa porteña: el Merval se desploma 5,5% por contagio global y ruido doméstico
En un día que quedará grabado como un “jueves negro” para los inversores argentinos, el índice S&P Merval de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires se hundió un 5,5%, cerrando en 2.851.779 puntos, y acumula una caída del 10% en lo que va de 2026. Lejos de celebrar la media sanción de la reforma laboral en el Congreso, el mercado bursátil local reaccionó con ventas masivas, arrastrado por un vendaval de factores externos e internos que generaron pánico generalizado. Las acciones líderes rompieron resistencias clave, tanto en pesos como en dólares —medido por el contado con liquidación—, dejando al panel principal por debajo de los 3 millones de puntos en moneda local y los 2.000 dólares.
El contagio desde Wall Street fue letal: los índices estadounidenses, como el Nasdaq, retrocedieron un 4,29% en el mes por dudas sobre las valuaciones de las tecnológicas, mientras el bitcoin se desplomó desde picos de US$120.000 hasta US$66.231. Los ADRs argentinos en Nueva York sufrieron castigos ejemplares: Globant lideró con caídas de hasta 18,4% (y 14,5% mensual), seguida por Bioceres (-33%), Banco Supervielle (-13,4%), Telecom Argentina (-13,1%) y bancos como Galicia (-10,7%), BBVA (-9,7%) y Macro (-8%). En la plaza local, Edenor (-5,2%), Sociedad Comercial del Plata (-5%) y energéticas como Metrogas (-3,9%) arrastraron al sector, que pesa cerca del 60% del Merval y es sensible a la volatilidad del petróleo por tensiones entre EE.UU. e Irán.
El riesgo país de JP Morgan escaló a 514 puntos básicos, sumando 12 unidades en la sesión, en sintonía con la suba de precios de los bonos del Tesoro estadounidense y un contexto de mayor incertidumbre global. Los bonos soberanos en dólares, como los Bonares y Globales, cayeron un 0,6% promedio, pese a que el BCRA acumula compras por más de US$2.000 millones en 2026 para cumplir con el FMI. Expertos como Pedro Moreyra, de Guardian Capital, atribuyen el derrumbe al “efecto contagio global” que castiga a emergentes como Argentina, más allá de los fundamentos locales que muestran mejoras.
Paradójicamente, mientras los mercados sangran, las proyecciones macro son optimistas: el Banco Mundial prevé un crecimiento del 4% para la economía argentina en 2026 y 2027, por encima del regional (2,3%) y global (2,6%), gracias a demanda interna y reformas. El FMI la ubica como la cuarta de mayor expansión en el G20, con un PBI de US$668.000 millones (puesto 26 mundial), superando a Brasil y posicionándola entre las 30 economías más grandes. Sin embargo, la incertidumbre política por el calendario electoral hasta octubre y cambios en el Indec —con polémica por la medición de inflación— moderan el entusiasmo.
En este panorama volátil, con volúmenes reducidos y balances trimestrales mostrando caídas en ventas y suba de costos en sectores como construcción y telecom, los analistas advierten que el Merval oscila entre US$1.900 y US$2.100. El ministro de Economía, Luis Caputo, confirmó el pago de deudas al FMI, pero el mercado prioriza el ruido geopolítico, datos tibios de inflación en EE.UU. y ventas en Vista Energy por parte de inversores árabes. Para los inversores locales, este arranque de febrero es un recordatorio brutal: en tiempos de tormenta global, hasta las buenas noticias locales se diluyen en el rojo de las pantallas.


