marzo 3, 2026
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A 6 años del primer caso de COVID-19 en Argentina: ¿qué sabemos hoy del coronavirus?

Seis años del primer caso de COVID-19 en Argentina: un repaso desde el “paciente cero” hasta la calma actual

Hoy se cumplen exactamente seis años desde que Argentina confirmó su primer caso de coronavirus, un hito que sacudió al país y desató la cuarentena más larga del mundo. El 3 de marzo de 2020, un hombre de 43 años, identificado como Claudio Ariel Pazzi, empresario que acababa de volver de Italia, dio positivo tras presentar fiebre, tos y dolor de garganta; fue internado en la Clínica Suizo Argentina y luego en el Sanatorio Agote, en Buenos Aires, y recibió el alta el 13 de marzo. El “paciente cero”, como se lo conoció, viajó en primera clase y no tuvo contactos estrechos evidentes, pero su caso alertó a las autoridades, con el entonces presidente Alberto Fernández minimizando el pánico al decir que “no deberíamos alarmarnos, sí estar atentos”.

Cuatro días después, el 7 de marzo, llegó la primera tragedia: un hombre de 64 o 65 años, Guillermo Abel Gómez, falleció en el Hospital Argerich de Buenos Aires, convirtiéndose en la primera víctima fatal por COVID-19 en América Latina. Regresaba de Francia el 25 de febrero, padecía diabetes, hipertensión, bronquitis crónica e insuficiencia renal, condiciones que agravaron su cuadro por el SARS-CoV-2. Antes de eso, un argentino de 61 años había sido infectado en el crucero Diamond Princess en Japón, en febrero de 2020, pero se curó y volvió al país sin riesgos de contagio, según el ministro Ginés González García. Esos primeros brotes, importados de Europa y Asia, marcaron el inicio de una pandemia que pasó de “lejos” a cotidiana en semanas.

La respuesta fue inmediata y drástica: el 6 de marzo ya había ocho casos confirmados en Capital Federal, Córdoba y Buenos Aires, lo que llevó a licencias obligatorias de 14 días para viajeros de zonas de riesgo como Italia, España o Irán. Dos semanas después, el 20 de marzo, arrancó el aislamiento social preventivo y obligatorio (ASPO), que se extendió por meses y transformó la vida argentina: calles vacías, colas en supermercados y un debate eterno sobre economía versus salud. Recordemos que el virus, detectado en Wuhan en diciembre de 2019, escaló globalmente hasta que la OMS lo declaró emergencia internacional el 30 de enero de 2020.

Seis años después, el panorama es otro: el Boletín Epidemiológico Nacional de la Semana Epidemiológica 2 de 2026 reporta solo 20 internaciones por SARS-CoV-2 en todo el país, con un fallecido, en un contexto de bajo riesgo de transmisión junto a influenza y otros virus respiratorios. La circulación del coronavirus se mantiene estable a nivel ambulatorio, sin cambios en gravedad, y el foco ahora está en vacunación y vigilancia para infecciones respiratorias agudas. Mientras tanto, emergen otras preocupaciones estacionales como 47 casos de coqueluche, 3 de hantavirus (uno fatal) y 16 de dengue importados, pero nada que evoque el terror pandémico.

Mirando al futuro, Argentina ha aprendido lecciones duras: fortaleció protocolos, mejoró coberturas vacunales y ahora enfrenta alacranismo con 8,933 casos en 2025 (un 6% menos que el año anterior), concentrados en NOA y Centro. El COVID-19 pasó de pandemia a endemia, pero su legado en la salud pública y la sociedad argentina sigue vigente, recordándonos la fragilidad ante lo imprevisible. ¿Estamos preparados para la próxima amenaza? La vigilancia epidemiológica, como la que impulsa el Ministerio de Salud, es la clave.

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