La “ARVAC Cecilia Grierson” es aprobada por la Anmat, convirtiendo a Argentina en líder en desarrollo de vacunas en América del Sur.
En un logro sin precedentes, Argentina se ha convertido en el primer país de América del Sur en desarrollar una vacuna contra el Covid-19. Bautizada como “ARVAC Cecilia Grierson,” la Agencia Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (Anmat) ha dado su visto bueno a esta vacuna, marcando un hito en la historia de la ciencia y la medicina argentinas. Lo más destacable de este logro es que esta vacuna fue concebida, diseñada, desarrollada y fabricada íntegramente en el país, un testimonio del compromiso y la colaboración de cientos de científicos, profesionales, instituciones y voluntarios.
El proyecto, liderado por la destacada investigadora Juliana Cassataro del Conicet en la Universidad Nacional de San Martín, se desarrolló en asociación con el Laboratorio Cassará, respaldado por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación y la Agencia I+D+i. Más de 600 científicos y profesionales, 25 instituciones y más de 2000 voluntarios se unieron en esta epopeya científica que ha dado sus frutos con la aprobación de la “ARVAC Cecilia Grierson.”
La vacuna, que ha demostrado ser segura y eficaz en la lucha contra el virus SARS-CoV-2, ha sido aprobada como refuerzo para mayores de 18 años y hasta cualquier edad, sin importar si presentan comorbilidades o no. La producción ya está en marcha en la planta de Cassará en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, y lo más relevante es que puede adaptarse a nuevas variantes del virus que circulen en la región. Con esta aprobación, Argentina se convierte en el primer país de América del Sur en tener su propia vacuna contra el Covid-19.
La prestigiosa revista científica Nature Communications publicó un artículo en el que se destacan los exitosos resultados obtenidos durante el ensayo clínico de Fase 1, realizado en 80 voluntarios. Estos resultados allanaron el camino para la fase 2/3, donde se evaluaron tres versiones, incluida la bivalente.
La tecnología detrás de esta vacuna se basa en la plataforma de proteínas recombinantes, similar a la utilizada en la fabricación de otras vacunas ampliamente exitosas, como la del Hepatitis B o el Virus del Papiloma humano (VPH). La aprobación se basó en un “correlato inmunológico,” una medida utilizada en vacunas recientes que evalúa la presencia de anticuerpos relacionados con la eficacia de la vacuna. Los resultados de este análisis demostraron un alto nivel de eficacia, lo que respalda la seguridad y efectividad de la “ARVAC Cecilia Grierson.”
Este logro también es un testimonio del espíritu de colaboración entre el sector público y privado en Argentina. El 5% de los ingresos generados por la venta de la vacuna se destinará equitativamente, un 2,5% para la Fundación Cassará y otro 2,5% para la Universidad Nacional de San Martín y el Conicet.
El camino hacia el desarrollo de esta vacuna fue largo y desafiante, pero marcó un precedente en la ciencia y la medicina argentina. Con el primer lote en proceso de certificación y capacidad para producir un millón de dosis, los científicos esperan que el Ministerio de Salud incluya esta vacuna en el calendario nacional de vacunación y que otros países de la región muestren interés en adquirirla.


