Donald Trump se atribuyó este lunes el triunfo de Javier Milei en las legislativas argentinas, adjudicando el resultado a su respaldo político y financiero al gobierno libertario. Desde la Casa Blanca, el republicano presentó la victoria de La Libertad Avanza como una confirmación de su capacidad de influir en procesos electorales más allá de las fronteras de Estados Unidos, en un ensayo de su proyecto de liderazgo para la derecha global.
En su mensaje, Trump destacó que el rescate financiero otorgado a la Argentina estuvo ligado al desenlace de estos comicios y lo reivindicó como una apuesta personal que “salvó” a Milei y a su programa de reformas de mercado. Según fuentes de Washington, Trump se jactó ante sus colaboradores de haber interpretado mejor que nadie el humor social argentino y de haber empujado a los votantes a apoyar el experimento libertario para evitar lo que describe como un “regreso del socialismo kirchnerista”.
Desde la otra orilla del continente, el relato no es tan lineal. En el oficialismo argentino reconocen que la foto con Trump y el blindaje financiero actuaron como un gesto de poder en medio de la turbulencia económica, pero advierten que la elección se definió, sobre todo, en clave doméstica: Milei capitalizó el desencanto con el peronismo, revirtió la derrota de hace dos meses en la provincia de Buenos Aires y se impuso con algo más del 40% de los votos en los principales distritos urbanos. Este resultado permitirá al libertario aumentar significativamente su peso en el Congreso, aunque sin alcanzar el quórum propio, lo cual lo obliga a forjar alianzas con el PRO y otros sectores de la oposición “racional”.
El peronismo, que venía de dominar la provincia de Buenos Aires y se presentaba como barrera frente al experimento ultraliberal, sufrió su peor traspié legislativo en décadas, quedando relegado en 18 de las 24 provincias. Dentro del peronismo, la lectura sobre el papel de Trump difiere radicalmente de la que se hace en Washington: consideran que la injerencia del republicano en la economía argentina, condicionando el rescate a un resultado electoral, fue un factor de presión externa que favoreció a Milei, pero advierten que el voto castigo a la gestión peronista pesa más que cualquier señal de la Casa Blanca.
El nuevo capítulo que se abre excede el juego de egos entre Milei y Trump. Con un Congreso reconfigurado, un peronismo golpeado y un presidente argentino que se siente respaldado en las urnas, la relación bilateral entra en una fase de mayor dependencia política y económica. Trump buscará mostrar a la Argentina como la vitrina de su doctrina de “capitalismo duro” aplicado en América Latina, mientras Milei tratará de traducir el respaldo de Washington en estabilidad financiera y margen interno para profundizar su programa de ajuste y desregulación. En medio de todo, queda una sociedad argentina que votó por el cambio, pero que aún no sabe si el costo de este alineamiento será una tabla de salvación o una nueva fuente de condicionamientos externos.


