Los bonos argentinos volvieron a operar en baja y el riesgo país alcanzó un nuevo máximo en lo que va de 2026, en un contexto marcado por la incertidumbre financiera internacional y las dudas de los inversores sobre las necesidades de financiamiento del país.
La suba de las tasas de interés en Estados Unidos volvió a impactar sobre los activos emergentes. Ese escenario redujo el atractivo de los títulos argentinos y profundizó la presión sobre la deuda soberana denominada en dólares. Como consecuencia, el indicador elaborado por JP Morgan avanzó nuevamente hasta ubicarse en torno de los 620 puntos básicos.
El deterioro de los bonos se produjo pese a que algunos indicadores domésticos mostraron señales de mayor estabilidad. La inflación de septiembre se ubicó en 1,9%, mientras que los salarios volvieron a crecer por encima de los precios. Además, las estimaciones privadas anticipan una inflación cercana al 1,8% para octubre.
En el mercado cambiario, el dólar no registró una presión significativa, un factor que contribuyó a sostener la curva de deuda en pesos. Las letras capitalizables ofrecieron rendimientos cercanos al 2% y el Tesoro logró refinanciar la totalidad de los vencimientos, aunque una parte importante de esas colocaciones quedó concentrada después de las elecciones.
La principal preocupación de los inversores está vinculada con los pagos que Argentina deberá afrontar durante 2027. De acuerdo con un análisis citado por Infobae, el Gobierno todavía debe encontrar mecanismos para cubrir alrededor de 15.000 millones de dólares, una exigencia que mantiene bajo observación la capacidad de financiamiento del país.
Entre las alternativas consideradas aparecen el respaldo de bancos, posibles acuerdos de intercambio de monedas con China y la colocación de bonos en el mercado local. Estas opciones permitirían cubrir parte de las obligaciones sin necesidad de regresar inmediatamente a los mercados internacionales, que actualmente presentan condiciones desfavorables para los emisores argentinos.
La primera mitad de octubre también mostró una desaceleración en las emisiones de deuda en dólares. El mal clima global, combinado con la incertidumbre política y financiera local, llevó a postergar operaciones y limitó las posibilidades de una recuperación sostenida de los títulos soberanos.
Aun así, los analistas consideran que los activos argentinos podrían recuperarse si mejora la actividad económica, se fortalece el respaldo político al Gobierno y disminuye la tensión en los mercados internacionales. Para que ese escenario se concrete, será determinante que la administración consiga despejar las dudas sobre el financiamiento de 2027 y sostener la estabilidad macroeconómica.

