El Gobierno argentino decidió enfriar la idea de decretar un feriado nacional para recibir a la Selección tras la final del Mundial 2026 y se encamina a un acto meramente protocolar en Ezeiza, sin festejos masivos. La marcha atrás quedó sellada después de que la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) transmitiera al entorno de la Secretaría General de la Presidencia que el plantel no tiene ánimo de celebraciones públicas tras la derrota frente a España. De este modo, el esquema inicial de una jornada de festejos con hinchas y posible feriado quedó reemplazado por un recibimiento de bajo perfil, limitado al aeropuerto y al predio de la AFA.
La revisión de los planes oficiales se explica por un dato político y deportivo clave: los jugadores tomaron la determinación de no encarar festejos multitudinarios y comunicaron que la idea de celebrar no encaja con el impacto de la caída en la final. “Los jugadores tomaron esa determinación por la derrota. No vamos a organizar ningún festejo y la idea del feriado ya quedó descartada”, señalaron fuentes del Gobierno, que admiten que toda la arquitectura de celebración quedó atada desde el principio a la voluntad del plantel y del cuerpo técnico. La administración interpreta que la decisión debe respetarse, incluso a costa de desactivar una medida de fuerte impacto simbólico y social como es el feriado nacional.
El giro contrasta con el mensaje que el propio presidente Javier Milei publicó en sus redes sociales horas después de la final, cuando anunció que decretaría feriado nacional el día que los jugadores y el cuerpo técnico definieran para celebrar con la gente. El jefe de Estado había planteado que la jornada de descanso sería un gesto para canalizar el reconocimiento popular por el subcampeonato, replicando en parte el clima que se vivió tras la consagración en Qatar 2022. Sin embargo, la falta de entusiasmo de la Selección para participar de eventos masivos y las señales que llegaron desde la AFA obligaron a recalibrar la estrategia y a dejar en suspenso cualquier decisión administrativa de esa magnitud.
En paralelo, el Gobierno se concentró en diseñar un recibimiento protocolar en el Aeropuerto de Ezeiza, a cargo de la Casa Militar y coordinado por la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, bajo la premisa de que el acto sea “apolítico y no partidario”. La delegación que regrese al país será reducida y tendrá ausencias de peso como la del capitán Lionel Messi y la de Rodrigo De Paul, que ya no forman parte del viaje de vuelta y se encuentran en Miami. Tras el arribo, el plantel se trasladaría al predio de la AFA para compartir una cena privada y luego dispersarse, sin recorridos por la ciudad ni caravanas en vehículo descubierto, como se barajó en los primeros borradores del operativo.
Dentro de la Casa Rosada se evalúa la posibilidad de publicar un comunicado formal para ordenar la información hacia la sociedad y despejar dudas sobre el anunciado feriado que finalmente no se realizará. El texto buscaría explicar que toda la planificación estuvo condicionada a la decisión de los jugadores y que el Ejecutivo se limitará a acompañar institucionalmente a la Selección en su regreso, sin intentar imponer un clima de celebración que el propio plantel considera inoportuno. Así, el regreso del equipo subcampeón del mundo se perfila como un acto sobrio y contenido, marcado más por la formalidad y el respeto a la voluntad del vestuario que por la épica de las grandes concentraciones populares que se habían imaginado en los días previos a la final.

